¿Qué es la autoedición encubierta? (Primera parte)

Cuéntame, oh musa, la historia de ese autor primerizo que, recién terminada su obra, tenía gran prisa por mostrarla al mundo y que cantaran entre sus rincones sus alabanzas. Escuchó que, para ello, tenía que contar a los demás a través de sus heraldos Facebook, Twitter e Instagram que algo llamado “Editorial”, caro a los dioses, estaba detrás de los trabajos de llevar su novela a besar la luz del día.
Buscó, henchido de prisa y ávido de inmortalidad, por las vastas regiones de Internet, y en el bosque de puertas halló muchas que se le antojaban cerradas o inexpugnables, justo aquellas cuyos nombres se repetían en los lomos de las hazañas de sus héroes escritores; encontró sin embargo otras que parecían gratas a los autores nóveles: en ellas, parecía, de hecho, que se buscaba al escritor más que al autor, pese a que se denominaban a si mismas editoriales y esto iría contra la naturaleza de aquellas que quisieran tomar tal nombre.

En efecto, para el autor que empieza a recorrer el camino del escritor tras concluir su obra, los cantos de sirena de las empresas de autoedición encubierta son muy tentadores.
¿Qué es una empresa de autoedición encubierta? Es aquella que, normalmente presentándose tras la respetable máscara de una editorial, va a pedirte que, además de realizar un desembolso económico directo o indirecto por la prestación de una serie de servicios de edición como maquetación o corrección, le cedas tus derechos de explotación sobre tu obra de manera que va a tener un control total sobre la misma. En este vídeo os hablo sobre ellas.
Para que mediante varios ejemplos entendamos lo que esto supone, lo que estas empresas proponen es equiparable a que los albañiles encargados de la reforma de un bajo comercial te exigan, además del pago por los servicios de albañilería, pintura, fontanería, etc, el control sobre tu negocio y la mitad de los beneficios que tu local comercial genere gracias a tu esfuerzo.
O lo podríamos comparar con que, en el habitual caso de que lo que pidan no sea un pago directo sino la compra de un mínimo de ejemplares, un concesionario de coches obligara al propio fabricante de automóviles a adquirir las 200 primeras unidades que han salido de la propia factoría.
El auténtico milagro que cada día logran estas empresas que operan al márgen de la legalidad, como luego veremos, es que todos y cada uno de esos días logran que unos cuantos nuevos autores caigan en sus garras; que ese puñado de personas que jamás concebirían realizar tratos en su vida diaria como los que hemos ejemplificado, no duden en hacerlo cuando lo que les ponen por delante es un supuesto contrato de edición.

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